Ok, ok… la neta después de la quinta semana aquí, dejé de escribir como por un mes, así que… yep, ya no hay posts de todo lo que hice descrito detalladamente como en las semanas anteriores jaja, así que sólo rescataré lo más interesante que hice durante el mes de marzo, hasta llegar a la actualidad.
Podemos saltarnos como una semana en la que no sucedió nada interesante y llegar al sábado 3 de marzo. Ese día era cumpleaños de Francesca, una morra inglesa que la verdad a mi me da medio x, ni me llevo tanto con ella, pero en fin, por ese motivo muchos foráneos irían a un antro en Milán, así que decidimos unirnos al plan.
La idea irse en el tren de las 9:30 pm y como en la noche ya no hay trenes, quedarnos allá hasta que saliera el primer tren de regreso a las 5 de la mañana. Sonaba un poco… no TAN buena idea, pero bah!… ¿qué tan malo podía ser?
A última hora, Linda, Tere y Rosela abandonaron el plan, así que sólo nos fuimos Stephan (oh btw, el imbécil ahora exije ser llamado Joshua, que es su segundo nombre, asegurando que jamás le gusto Stephan… claro! lo dice ya que me lo super aprendí así! anyway… I’ll try to change it), Daniel (su roommate de Alemania que tiene el carácter y humor mas frío y directo que he visto en mi vida jaja) y yo.
En una hora llegamos a Milán, nos bajamos del tren, salimos de la estación, nos bajamos a la estación del metro, tomamos uno, nos bajamos, salimos de la estación del metro, tomamos un autobús, y ta-dah! estábamos ahí. El antro se llamaba Rolling Stone, se veía muy bien de afuera, faltaba ver cómo era por dentro.
Nos formamos en la fila, un empleado del antro nos pregunta si somos Erasmus (estudiantes foráneos), decimos que sí, enseñamos la credencial, y es entonces cuando llega el inespereado (y no merecido, pienso yo) trato VIP. Nos dijo que saliéramos de la fila, nos puso frente a la puerta, y nos dio unos boletos que te daban derecho a 2 bebidas por 10 euros (alrededor de 145 pesos) y nos dejó pasar. Sólo por ser Erasmus… what? se me hizo medio tonto, pero no me iba a quejar por eso jaja.
El antro está ENORME, es el más grande que he visto en mi vida, dejando en segundo lugar al The City de Cancún, este es aún más grande y fantástico jaja. Cuando entras, hay una especie de lobby en la que no se puede hacer nada jaja, de cada lado del lobby, hay 2 mini-lobbies con una mesita y sillas y unas escaleras para subir al segundo piso. Si sigues derecho, topas con el lugar para dejar tu abrigo, chamarra, whatever. Para los lados, están los baños y un pasillo para entrar al área principal, que es esta:

Como pueden observar en la foto, hay unas morras que salen disque a jugar futbol como entre 10 y 11 más o menos, pero es TAN, TAN descarado que sólo están ahí para que las zorrees, que toda la idea del partido de futbol viene sobrando, sobre todo porque una de las porterías estaba al revés (?!), o sea con la red hacia adentro de la cancha jaja, y las morras sólo se hacen pendejas en la cancha, como de cada diez patadas que tiraban, sólo una terminaba actualmente pegándole a la pelota, pero anyway, nadie se quejó jaja.
Después de ver el espectáculo por un momento, subimos al segundo piso del antro, que viene siendo como una tribuna para ver el partido ese, y tiene dos barras y todo el show, está grande ahí también. Lo sorprendente vino cuando terminándose el partido, una vez que se van las morras y empieza la música, unas ventanas salen del piso para cerrar el área del segundo piso, convirtiéndola en una sección independiente a la otra, con música diferente y todo el show. Wow.
Antes de que otra cosa sucediese (caray qué refinado soy), Stephan, I mean, Joshua, Daniel y yo nos lanzamos a la barra. Daniel se acabó sus boletitos como en cinco segundos pidiendo no sé qué chingados, y Joshua y yo pedimos nuestros imperativos Vodka Sour Maracuja’s.
Estuvimos un buen rato hang-out-eando y después nos llegó el deseo de fumar. Como ya había mencionado, aquí no se puede fumar en interiores, ni siquiera en bares o antros, así que es normal que todos los antros tengan una salida a un patio en donde se puede ir a fumar. Cuando quisimos salir, el tipo de la entrada nos dijo que había un área para fumar en el tercer piso, pow! no way! fuimos y sí, un lounge exclusivo para fumadores con música cool y una pared llena de ventanas con vista a la calle. Super chilo. I love Rolling Stone.
Fue interesante ver cómo los fumadores socializan mucho más, o al menos eso pude deducir en mi experiencia en el Rolling Stone. Cuando estábamos en el área común, cada quien está en su rollo, pero en el área de fumadores conocimos a varias personas diferentes en pláticas que se daban espontáneamente.
Incluso una de esas veces en la que llegaron dos tipos medio piratas a hablar con nosotros, se me hizo muy chistoso que al preguntarnos de donde éramos, Joshua y yo dijimos nuestros países de procedencia, y al llegar el turno de Daniel, en vez de decir que era alemán, dijo que era de Texas! jajaja me dio un chorro de risa, y como el wey con el que estaba hablando estaba pedo, era aún más gracioso verlo preguntar cosas como “Y cómo es la vida en Texas?” y ver a Daniel inventando toda una historia sin siquiera sonreír jaja y el otro wey super metido en la conversación creyéndose todo jajaja. Lo gracioso es que Daniel es tan frío y tan… poco expresivo, que incluso cuando dice algún comentario chistoso, él no se ríe jaja, entonces al decir la historia de Texas lo decía con una seriedad que si yo no hubiera sabido que es alemán probablemente me la hubiera creído jaja.
Estuvimos ahí como hasta las 4 pasadas. A la salida buscamos unos taxis que nos llevaran de vuelta a la estación de tren. Tomamos el tren y nos vinimos de regreso a Bergamo.
Una hora después llegamos a la estación de aquí, checamos los horarios del autobús, y no… empezaban las rutas como a las 6:00 y en ese entonces eran como las 5:20, así que a caminar de la estación al depa…
Cuando llegué al departamento, aunque moría de sueño, tenía muchísima hambre porque no había comido nada desde el día anterior en la tarde, y siendo inteligente pude preveer que si no comía algo, me despertaría a media mañana del hambre, así que para que mi sueño no se viera truncado, decidí hacerme un sandwich. Me lo comí y me fui a dormir a gusto.
Just for the record, el Rolling Stone se ha convertido ahora en mi antro favorito del mundo, desbancando así al G Lounge, también de Milán, al que había ido anteriormente.